CARTOGRAFÍA TERRITORIAL

 

 

Soy y vivo aquí

Mi nombre es Carmen Lucía, nací en la Colonia Los Inmigrantes de la jurisdicción de Ibarreta, Departamento Patiño, en la Provincia de Formosa. En la actualidad mi residencia está ubicada en la zona urbana de la localidad de Ibarreta.

Trabajo como maestra de primer ciclo Plurigrado, modalidad rural común, en la E.P.E.P N° 338 de la Colonia Media Luna, situada en la jurisdicción vecina de Subteniente Perín que dista de unos cuarenta y dos kilómetros aproximadamente al transitar la Ruta Provincial N° 27 y caminos rurales.

Entre memorias y olvido

Las imágenes de mi primera infancia  se perdieron entre la memoria y el olvido, los recuerdos parecen ser más una construcción de eventos por los relatos escuchados de mis padres. Los primeros años de mi niñez transcurrían en Colonia Los Inmigrantes, hoy denominada El Oculto, a escasos kilómetros de Ibarreta, entonces nuestra vida familiar sucedía entre colonia y pueblo ya sea para comprar productos de uso comestible o para vender verduras en la volanta que tirada por dos caballos que parecían saber el camino de ida y vuelta. Todavía resuena el andar de las ruedas de la volanta al son de los pasos firmes de los caballos en los caminos de polvo, agitados por el viento norte que obstinado en el tiempo perdura. La memoria de mi piel aún lleva la sensación del viento norte feroz en su calidez calando fuertemente en las épocas de verano y primavera.

El recuerdo de los atardeceres solo entiende de pajonales secos y flameantes con la brisa, como si el tiempo y el espacio se hubieran detenido ahí. En ese movimiento suave del pajonal  como por sentado en la memoria aparece uno de esos objetos no identificados hasta hoy, deambulo entre inconciencia y creación de imágenes, aún queda por revelar si mis evocaciones son deseos de infancia o un recuerdo anidado en algún espacio de mi infinito ser.

Los primeros días en la escuela

Habiendo dejado el primer espacio ocupado en la tierra, la vida en la ruralidad, me veo en la celebración de mis cinco años y junto a esas imágenes el recuerdo del paso por el jardín de infantes en una escuela primaria, la N° 64, aún de pie en el centro del pueblo hoy, pero renovada en su majestuosidad absoluta. Solo transité la escolaridad inicial unos meses, porque según mi madre no era obligatorio y yo no quería asistir porque me resistía a formar agarrada de las manos con un compañerito de salón. No importaron las plastilinas, las hojas grandes y los crayones, las pizas de color, la mochila a cuadrillé con la tasita y servilleta adentro.

La primaria

La primaria llegaba para formar parte de mi vida en esos primeros años escolares. Mi memoria venera la deseosa idea de vivir las experiencias de mis hermanas, aprender a leer y escribir, hacer sumas, escuchar cuentos, jugar en el patio de la escuela N° 409. Más cómoda y fácil de  acceder porque a diferencia del jardín de infantes, ésta se encontraba a doscientos metros de la antigua casa de mis padres.  

Mi primer maestra era tal y como la soñé, la maestra Sueñito le decíamos, ella fue quien me impregnó de letras y números, de palabras dulces, de recreos en la hamaca y en el árbol de algarrobo, de las horas de huertas y zanahorias,  de las poesías y palitos.

Solo en tercero y no recuerdo por qué, fui a mi escuela de jardín, la 64, de mi maestra la Señora Leoncia tengo en la memoria el dulce temple y firmeza de su voz, las tareas en  carpeta negra cargada de hojas y mucho hojalillo, las tareas de costura, las rondas en el patio, el elástico.

Séptimo grado en la escuela primaria

Era mi último año en la primaria de la escuela 409, hoy E.P.E.P como todas las de la provincia de Formosa. Con la idea y temor por lo desconocido que se aproximaba a su término, salen a invitarme las inquietas preguntas en la búsqueda de sensaciones, olores, sabores, colores de pared, patios, huerta, árboles de algarrobo, el comedor de la escuela con olor a guiso de polenta, el locro, el cocido con leche, la galleta blanda y redonda.

Del salón de clases recuerdo al maestro Don Indalecio Vera, me resuenan sus palabras mansas y contentas, su andar ligero entre un banco y otro mirando de cerca las carpetas llena de colores, las lecciones de ciencias sociales y naturales, las tablas de multiplicar, el sujeto y predicado, el sustantivo y el verbo en las oraciones bimembres, el sujeto tácito. En el patio el vóley en grupo, la mancha con las corridas por toda la escuela, el toque de dos campanas que anunciaban el final del recreo, los bolsillos llenos de frutos de algarrobo, el pan guardado en la mochila. Tantas experiencias empapadas de texturas, sonidos, olores, sabores, colores y lo incierto acompañando siempre el transcurrir del tiempo y los espacios pasados.

No sé decir por qué en la selección de época narrada, tal vez lo entrañable, afectuoso, emotivo, evoque estas remembranzas.

 

Comentarios